¿Cuántos orgasmos más, amor mío,
hacen falta para resolver
todos nuestros conflictos,
los malos entendidos
y el pasado que no existe de los dos?
¿Cuántos orgasmos más, mi vida?
¿Cuántas agonías?
¿Cuántas horas muertas
y soluciones depresivas?
Si yo sólo quiero besarte,
hasta que no te quede más la boca
y siga buscando labios en ti,
hasta encontrarlos.
Si yo sólo quiero el infinito del pecado
en tu amor desesperado,
que se equivoca por el miedo
a no ser cada vez mejor.
¿Cuántos años más, amor mío,
hacen falta para volver a encontrarnos,
para volver a emocionarnos;
mientras a escondidas nos tocamos
en lugares concurridos
que a veces visitamos?
¿Cuántas horas más, mi vida?
¿Cuántas más caricias?
—Messieral
MercyVille Crest, 10 de diciembre de 2,024






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