Nada podría ser tan importante
si no soy capaz de decirlo con arte,
si la canción no ejerce de constante
que se adhiera a una idea brillante.
No hace falta que me lo digas, ya es bastante;
no hace falta que quieras hacerme parte
de un discurso que no transmite sonidos que calmen
esta tormenta de realidad a la que no quiero aferrarme.
Nada podría ser tan importante
si no soy capaz de decirlo de forma elegante,
si la canción no ejerce de brebaje
que desaparezca esta marea infame.
No hace falta que me lo digas, no quiero ser el que sangre;
no hace falta que quieras explicar hasta tarde
el mismo discurso que no transmite sonidos que nos salven
de esta tormenta de necesidad en la que no quiero quedarme.
Nada podría ser tan importante
si no soy capaz de convertirlo en arte.
—Messieral
MercyVille Crest, 23 de febrero de 2,025






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