Lo supe desde el principio,
ha estado siempre aquí;
no considero fortuito
el ojo puesto en trazos ajenos
que trazaron la razón de mí;
ni el punto ardiente en el éter
que ha de emocionarnos, con suerte,
desde ahora hasta siempre.

Lo supe desde el principio,
nunca me quise tener que ir
pero no había otro camino,
para un alma que nació para escribir,
para una voz que ha aprendido
que el único camino posible es el de reincidir.

No considero fortuito
el ojo puesto en propios bocetos
que trazaron la razón de mí;
ni el punto ardiente en el éter
que ha de consolidarnos, con suerte,
desde aquí hasta la muerte.

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—Messieral
MercyVille Crest, 24 de abril de 2,025


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