Escribo un ensayo que desafía algunos discursos generalizadores, sea por su carácter de fanatismo o por su exceso de ataque desmedido a lo que se desconoce: vamos, lo típico de una ciudad ciega que tan sólo saber mirar hacia afuera y nunca hacia adentro.
Redacto con gran exactitud los párrafos, hasta pareciera que los últimos años han sido bondadosos conmigo y poco infames; —sonrío—naturalmente lo digo con sarcasmo, porque dentro de tantas cosas malas que me ha tocado soportar, yo me he logrado escabullir por segunda vez este año. Hay presencias que nos restituyen, que nos susurran al oído: algo bueno habrás hecho…
Esta vez, al referirme a escabullirme no me refiero a la huida que emprendía en años anteriores, cuando todo parecía difícil; que curioso es como con el pasar de los años los problemas antiguos parecen minucias sin importancia; todo, claro, de frente a los inconmensurables problemas del presente. Que son la clara realización del Mondúber del que nos habla Nacho Vegas en su canción.
Si un día te dicen cosas difíciles de creer sobre mí, diles que seguramente fui mucho peor, da igual si desconoces esa parte de mí; tú responde con toda seguridad. Diles que, haya hecho lo que haya hecho, todo fue de corazón; y que eso te basta. Porque aquel hombre que decepcionó a tantos seres que esperaban cosas terrenales de él, mientras rozaba con sus dedos las nubes de la fortuna de levitar alejado de una realidad diseñada para infelices; una noche, mientras escribía un ensayo acerca de las ideas del gran autor Mario Vargas Llosa, descubrió un nuevo color junto a ti —que siendo daltónico eso es una proeza— y que además inventó contigo la historia de un árbol, cuyos frutos siempre serán mangos de cristal. Mismos que no existen, solamente en la imaginación… Nuestra imaginación.
—Messieral
MercyVille Crest. Miércoles 4 de junio de 2,025.






Deja un comentario