Una ráfaga de sueños apuntándome con frialdad, sonrío, ¿cómo pude haber soñado tanto en una sola noche? Y lo más curioso es que solamente recordaba la insatisfacción sexual que este enero me obliga a soportar. Se agolpan todas la fantasías y los recuerdos, noto un breve espacio de una piel que aún no ha sido mía, el vino me marea rápidamente con la receta del diez. Tú descansas el sueño mortecino del abandono, jamás llegaré a sentirme solo, pero sí insatisfecho…
Sueño siempre que te tengo, que mínimamente comprendes la necesidad tan intensa de mi sangre por hervir, cuando todos los mecanismos liberan mis bajas y extensas pasiones. Estoy necesitado de vida, todo marcha perfecto, pero esto no.
Y de pronto ella eleva su blusa; discierno su ombligo breve y su piel infinita llena de deseo, las cuencas incomprendidas de mis maxilares, el hambre y la sed que me produce figuran insoportables. Y pienso: si acaso quisieras saciar un poco mi hambre, mi sed, todo este enjambre.
Estoy cansado de no tenerte como debiera a cada instante, todo el tiempo estás ausente y cuando apareces hablas incoherencias que no me merezco. Todo es insatisfacción y desdicha, de qué me sirve una estatua desnuda, de qué me sirven sus gestos en la pose si no se me entregan de forma alguna. Estoy cansado, es insoportable. Tuve paciencia, pero mis colmillos sólo se deleitan cuando se humedecen de los sabores preferidos de mi antojo.
Estoy de vuelta, no puedo esperar más, quizás te cueste comprenderlo porque nunca quisiste conocerme realmente.
Tengo hambre y cazaré, tengo sed y beberé. Alguien que aún no soy capaz de ver se acerca, haré lo que haga falta para saborear sus más exquisitos instantes. ¿Serás capaz de ver?.
—Messieral
MercyVille Crest 8 de enero de 2,025






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