Cuando desvanezca por fin
el rastro de nuestra catástrofe,
estaré listo par acercarme y resistir
la caída de mi orgullo, el vuelo del colibrí;
para pronunciar las frases que te mueres por oír.
Y será cuna de amantes la habitación
en la que por vez primera conociste la pasión,
habrá estrellas fugaces iluminando el salón
en el que arrodille mi alma ante tu voz.
Será un cuento hermoso sin hadas,
sin dragones, ni campanas;
quedará espacio suficiente, solamente,
para dos amantes de antes y de siempre.
Me gustabas tanto a los dieciséis,
tanto como me gustaba respirar,
te odiaba tanto a los veintiséis
tanto como el que más;
y ahora a los veintisiete
con tanta vida hacia el frente,
con toda esta incertidumbre e incredulidad
me temo mucho que lo podemos intentar…
Y si las cosas resultan mal,
no tengo nada de qué preocuparme,
lo hecho estará ya hecho, al final.
©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 5 de febrero de 2,017

Deja un comentario