Por el amor a tu boca
dejaré por un tiempo
el peso de estas horas
junto al olvidado tintero.

Ganaré las batallas preciosas
del suspiro en tiempos de guerra
y omitiré el comentario hiriente
para que tu alma no se enajene.

Te diré mirándote a los ojos
que todo es posible, que estás bien;
que no le quepan dudas a tus polos
que de norte a sur te quiero como sé querer…

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Ciudad de Guatemala 18 de agosto de 2,017

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