Soy parte del juego, el alfil sobre tu aliento,
tú el mar exclusivo de mis malos recuerdos
en el que se estrellan los barcos con mis malos momentos.
Y perplejo, enloquecido, el mar muerto
nos comienza a desdibujar de su anzuelo
para convertirnos en uno mismo con su decibelio.
Y llorar, y extrañar,
ya no es suficiente;
y errar por errar
nunca fue de valientes…
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Ciudad de Guatemala 17 de septiembre de 2,018

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