Los nuevos comienzos desnudan al sol
y el porvenir nos estrecha la piel,
pintamos la ciudad con aerosol
para que nos incorporen un papel
en el que tenemos todo el control,
para conseguir situarnos otra vez
y obtener en nuestro cuerpo el don
de mirar con ojos sanos la vejez.
Pronto el mar, pronto la desilusión,
pronto el ideario consecuente
y el sentimiento irreverente.
Pronto amar, pronto intransigente,
recordar de forma tan recurrente
y llorar esta auténtica pasión.
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Ciudad de Guatemala 14 de septiembre de 2,018

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