La fantasía que evocan mis momentos de claridad, es la misma fantasía en la que te incluyo con cada despertar. Elegí mi camino, elegí mi ciudad, elegí tu sonrisa y elegí respirar; elegí a todo el mundo, elegí maniatar los demonios ajenos que me quieran golpear. No elegí horas rotas, no elegí el celofán que se acuesta al centro del mundo en discursos para armar, no elegí discusiones, ni elegí lastimar, no elegí recompensa, ni elegí terminar…
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Ciudad de Guatemala 9 de noviembre de 2,018


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