Ya nos quemará el frío de una nueva despedida, pero eso no ocurre ahora y probablemente tampoco ocurra en poco tiempo. Por ahora las lágrimas de hielo no nos tocan, no son parte de nuestro duelo. Así que aún podemos cerrar nuestros ojos y sabernos ciertos.
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Ciudad de Guatemala 15 de noviembre de 2,018


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