Después de la elemental
reverberación de los cuerpos que nos atrapan;
después del amor temperamental,
un paseo por el parque de madrugada
nos venía tan bien, nos venía de la eternidad.
Y aún recuerdo las noches sin luna
en las que el abrazo nos hacía respirar;
y aún recuerdo las noches sin luna
en las que el abrazo nos hacía callar…
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Ciudad de Guatemala 18 de noviembre de 2,018


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