Le mentí y le dije que la rosa que me regaló la había destrozado mi perro; así de cobarde, así de infantil… No supe expresarle que desde el primer momento en que la vi, aquel día, me cautivó con su hermosura. Y ya una vez distraído y enamorado, olvidé aquella rosa sobre la barra del bar en el que por primera vez la besé.
El Caso de la Rosa Perdida
—
1–2 minutos
to read
«No vivo, ni escribo para agradar. Escribo como quien deja migajas en el bosque para que el hambre no se pierda».
—Messieral






Deja un comentario