Sí recuerdo nuestro viaje,
nuestro solitario maridaje
en la ciudad antigua de cascos a ras de piedra;
sí recuerdo tu hermosura al despertar
y el pecado, por desgracia, interrumpido
en la habitación que de frente al lago aún te ha de extrañar.

Sí recuerdo nuestro viaje,
tu mareo y mi comprensivo amperaje;
tus sueños infinitos, mis ganas de olvidar.

Sí recuerdo nuestro viaje,
nuestra noche y nuestra luna sobre el oleaje;
tus besos, mis preferidos, tus labios de cristal.

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