Aquella noche, inmerso en la oscuridad
me sentí cómodo, como el que más;
después de tus besos nada volvió a ser igual
y toda penumbra parecía irradiar
una luz de textura inmortal.

Ojalá siempre fuese aquella noche,
la nuestra, la que nunca he de olvidar.

Porque a ti no te voy a olvidar,
porque a ti no te quiero olvidar.

Astral.

Nueva Guatemala de la Asunción 2 de octubre de 2,020
MESSIERAL

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