Contemplo esta tormenta que, como muchas otras, es perversa y es hermosa; la contemplo desde mi camarote, a la deriva y al centro de la tempestad que este enero provee. No pido explicaciones, no procuro entender; administro de malas maneras mis soledades y los vicios emergen tranquilos, sin novedad; porque aunque no lo parezca todo está bien, tal y como lo evito, tal y como lo siento, tal y como lo acepto.

Los monstruos convivimos tranquilos, felices, nada nos interrumpe ni nos frena, ni si quiera la sensibilidad más prometedora o la adversidad minuciosa. Todo está bien, incluso cuando no lo esté. La intemperie es un gran sitio para conseguir olvidar lo que fue.

Los años más difíciles, los errores más categóricos; todo y nada, todo queda, nada ha sido. No pudo la misma fuerza mía interrumpir mi camino. Los años más difíciles, los pormenores más ingrávidos; todo y nada, todo queda, nada ha sido. No pudo la misma fuerza mía acabar conmigo.

Contemplo esta tormenta que, como muchas otras, es perversa y es grandiosa…

— Messieral.
8 de enero de 2,024.

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