Si recuerda mi voz no le hablen, que no le dirija la palabra ni su amante o su marido. Si recuerda mi voz que no le tiemblen las manos al notar la diferencia de ritmo. Si recuerda mi voz no le griten porque el dolor en su vientre, ante la imposibilidad de tenerme al frente, podría considerarse como un daño irreversible.
Si recuerda mi voz no le canten; por nada de este mundo le canten…
— Messieral.
5 de febrero de 2,024.


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