Me recreo
en la presencia inmortal
de quien encuentra comprensión
en los ojos amables
de un alma que ha penado
y llegado a sentir el rigor del universo.
Que grata compañía
resultaron ser
los corazones tristes
que, contra todo pronóstico,
sobrevivieron.
— Messieral.
20 de abril de 2,024.

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