Deja que tome el control, deja que recorra la tibieza de la piel que te esconde. Quiero ser capaz de desafiarte y provocar tu mejor versión, de encontrarte muy dentro de ti. Justo allí donde nadie más te ha hallado, justo allí donde nadie te ve.
Me conoces, no sé intervenir si no es necesario. Los pensamientos viajan sin tocarme, alrededor de mí; pero también soy capaz del control extraordinario, ese que te hace subir y bajar como la marea explícita que mi cuerpo fabrica, con galantería y fuerza infinita, acercándote a mí.
—Messieral
MercyVille Crest, 5 de octubre de 2,024
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