Otro film de horror en soledad, la ternura del recuerdo y ante mis ojos, con los cuernos afilados de una hermosa bestia: la verdad. Toda ella resumiendo tarde-noches de caricias y tranquilidad, la aventura suprema, los amores que perdí y jamás tendré, pero a los que siempre me referiré con la precisión que me sea posible, estallando inmarcesible sobre el holograma que también es papel.

Otro film de horror en soledad, otro silencio, el de la incomodidad. La nada ya se ha vuelto muy poco extraordinaria, y en los recovecos de mi alma no encuentro razones para aceptar como suficiente la esperanza devastada de una sonrisa en balaclava, a la luz de la noche que siempre soñaba, desde el aposento de una dama o el balcón de un mirador que ardía en llamas.

Otro film de body horror en soledad, otro octubre, una nueva vuelta a comenzar. Que enorme es la cantidad de tiempo que se pierde intentando pertenecer a un lugar al que no se pertenece.

—Messieral
MercyVille Crest, 6 de octubre de 2,024


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