Nadie Puede Vernos

Nadie puede ver nuestro reflejo en el espejo, nadie puede vernos. Nadie conoce nuestros secretos ni el elixir que nos mantiene destinados a cumplir lo prometido, aunque cambien las formas y los atuendos, los disfraces, los aromas o los destellos.

Nadie puede comprendernos, nadie puede vernos. Todo lo que hemos hecho ha sucedido lejos de las suposiciones retorcidas de aquellos que viven sin la pasión que hace hervir la sangre más allá de recipientes inútiles e infértiles.

Esta pasión desbocada, con un nombre divino, es el secreto que nos eleva por encima de toda posibilidad humana o demoníaca, un más allá que nos libera del tormento del horror, de la mayor barrera mental de la historia: el miedo a la muerte.

—Messieral
MercyVille Crest, 10 de octubre de 2,024


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