¿A dónde ha ido el fuego? Su energía jamás se disipa, solamente se transforma en pasiones contenidas por la prudencia o el miedo a doler.
Pero con dolor podría disfrutarse también la entrega, el triunfo de los rituales, por encima de todo lo descrito por los grandes testigos del romance.
Provocador e incitador, amo y señor de la melolagnia que te hizo amar hasta morir o hasta desfallecer. Mi voz: la de mando; el discurso erótico con el que te conquisté.
¿A dónde ha ido el fuego? Su energía jamás desaparece, solamente aguarda el momento oportuno, el soplo del viento capaz de resucitar sus cenizas para arder por siempre.
—Messieral
MercyVille Crest, 15 de octubre de 2,024
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