Escuchaste al demonio alejarse
de nuestra habitación oscura,
aterrorizado por nuestro enjambre
de prácticas de lujuria;
tan intensas, formas de adorarse.

Perdimos la vida y volvimos a ella,
convertidos en almas gemelas
que no supieron arder unidas,
no hasta el final, o hasta la ruina.

La destrucción de nuestro amor es un arte maldito
que nos provoca contemplar;
nada valdrá jamás lo suficiente en este acto
como para querernos quedar.

Perdimos la vida y volvimos a ella,
convertidos en almas gemelas
que no supieron arder juntas,
que vagarán por la eternidad
hasta volverse a encontrar.

Escuchaste al demonio marcharse
de nuestra pulcra habitación oscura,
aterrorizado por nuestro enjambre
de prácticas de lujuria;
tan intensas, formas de consumarse…

—Messieral
MercyVille Crest, 30 de octubre de 2,024


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