A todas horas y en todas partes,
sin titubear, por las paredes.

Hasta quedar inconscientes
sobre el piso y por debajo de los más ardientes atardeceres.
A todas horas y en las ciudades
que visitemos y que recuerdes.

A todas horas y en todas partes,
sin preguntar, hasta muy tarde.

Hasta quedar inconscientes
debajo del piso y por encima de los más ardientes atardeceres.
A todas horas y en las constantes
que fabriquemos y que te inventes.


—Messieral
MercyVille Crest, 18 de diciembre de 2,024


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