Donde estoy, donde estés,
te sigues desnudando frente a mí,
y mis manos recorren toda tu inocencia,
conteniendo, de momento, mi ferocidad.
Te hago el amor bajo el único infinito
capaz de abrigar nuestros cuerpos enredados.
Donde estés, donde existo,
te sigo desnudando en mi confín,
y mi sexo abre camino a la manera
más intensa que aprendí.
Te hago el amor sobre el único latido
capaz de atestiguar nuestros secretos compartidos.
Sigue vivo cada segundo, me llevas contigo,
abrigas el sonido de mi voz y el deseo que encendió
cada una de las noches que hace poco compartimos.
Donde estoy, donde estés,
sigues entregado solo a mí.
El diseño de la gloria eterna
lo he visto en la verdad que te principia.
—Messieral
MercyVille Crest, 6 de febrero de 2,025






Deja un comentario