Un día la contemplación
te llevará a ti misma,
serás una con tus trazos,
con las líneas que ahora pintas;
y reconocerás tu brillo,
la más hermosa de tus rimas.
Ojalá sea mi abrazo
el que te abrace con mi vida.
No soy capaz de entregar mi corazón
para salvar la mercería
que ha llenado de sentimiento y de razón
mi inexplicable caída.
En la meditación,
última luz de mi día,
busco una solución
para verte tranquila.
Quien te hirió a traición
jamás supo a quién tenía;
te juro que su corazón
nunca supo quién le quería.
En la meditación,
última luz de mi día,
escribo una canción
para que no duermas sola y fría.
—Messieral
MercyVille Crest, 8 de febrero de 2,025






Deja un comentario