Es preferible guardar silencio
y dedicar una última mirada
o un último desprecio, yo lo he hecho,
cuando la historia está acabada;
no hace falta tener la mínima esperanza
por algo que alcanzó eventualmente el cielo,
te juro que no es necesario el arrepentimiento
con tantas vidas por delante de una próxima jugada.

De todo eso no queda ni el viento
que guiaba nuestras almas,
de todo aquello no queda ni el invierno
que alimentaba las mañanas
en las que fue posible el sentimiento.

De todo aquello no queda ni el cuento
que cantaban nuestras gargantas,
de todo aquello no queda ni el silencio
que amedrentaba las llamadas
en las que fue imposible componerlo.

No hace falta tener la mínima esperanza
por algo que derritió eventualmente el hielo,
te juro que no es necesario el arrepentimiento
con tantas vidas por delante de una última mudanza.

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—Messieral
MercyVille Crest, 24 de febrero de 2,025


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