Serenata de dulce penumbra,
antifaces rotos con los dientes
y un heroico abracadabra
que desnuda a los presentes;
no hierve la herida o la palabra,
se imantan mis labios a tus pechos silentes
y al resto le sobra nuestra entrega macabra.

Serenata de pseudopalabra,
porvenires diferentes,
situación que se apalabra
cuando no observan los obedientes
y rasguñan nuestra piel de cervicabra.

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—Messieral
MercyVille Crest, 21 de abril de 2,025


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