Mi lengua acaricia los espacios más hermosos de tu sexo;
se hunden tus pupilas en un milagro de consuelo.
Si soy tu salvación, el portento del viento,
por fin la consumación del acto más secreto…

Rinde tu devoción, entrégate al movimiento.
Abre las piernas, que yo me fundiré con tu cuerpo.

Grato sabor. Te conocí en cualquier otro momento.
Dame el licor que es el que desde otra vida recuerdo.
Sé mi tentación, la necesidad de control y mi mejor alimento.

Rinde tu devoción, entrégate al movimiento.
Abre las piernas, que yo me fundiré con tu cuerpo.

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—Messieral
MercyVille Crest, 24 de mayo de 2,025


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