Arderá lentamente y será el viento
el culpable de la manifestación feroz,
añadirá tempestad, sol violento,
al demonio la negación más atroz.
Y veré iluminados sus restos combustibles
en las caras de pecadores, como tú y como yo,
se iluminarán las sombras con las cálidas luces
del atardecer de un diciembre que ya comenzó.
Quema el mal o aviva su espíritu imperecedero,
desnúdate y baila para mí cuando te expongas a la misma hoguera;
no querría conocer tu sabor sin ser adicto al sendero
que me guíe a tu boca, de tu boca a tu sexo y de tu sexo a tu era.
—Messieral
MercyVille Crest 6 de diciembre de 2,025






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