Antes de pretender reparar este lugar,
a estas personas y a este compás;
he comenzado a observarme,
el camino ha sido intenso, pero necesario.
Después de todo, siempre fue necesario conocerme
para ser capaz de apartar la hierba seca de mi camino.
Ya crecerán de nuevo las hojas de mi árbol preferido
y cesará el ruido de las máquinas
que idean la vida ostentosa de mis futuros vecinos,
a quienes probablemente jamás conozca.
Ya cobra fuerza nuestro entendimiento y nuestra fortuna,
todo ocupa su lugar preciso.
Mis letras avanzan, despierto y les quiero con infinita verdad,
tanto así que no tengo más reclamos hacia mí;
todo lo que es sucede tal y como debe ser,
la magia nos rodea, somos artifices de la buena suerte
que emana del universo.
Mi riqueza es inconmensurable
cuando sus sonrisas son posibles
y la mía les acompaña complacida.
Mis sombras, mis infinitos, mis constantes y mis creaciones
ahora merodean libres por el escenario
del más importante de mis actos;
todo ha comenzado, todo es tan claro y tan mío.
Me he reconocido.
—Messieral
MercyVille Crest 26 de diciembre de 2,025






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