No son suficientes razones para seguir con vida, estoy seguro de que hay algo más, muchísimo más; y aún así mis expectativas son apabulladas por mi necesidad del ahora. Nada hallaría en el pasado y nada hay para mí en el futuro. Ahora es cuando todo me emociona, ahora es cuando todo me excita. En este momento, una nueva canción con sabor a poesía despierta en mi garganta con la calma de quien tiene el control sobre lo que hace; principalmente cuando lo ama…

Actúo y aprendo sobre la marcha de mis pasos. Mi primera novela descansa en paz en un rincón lejano del recuerdo de otros; mis primeras libretas llenas de poemas, mis hojas sueltas decoradas con poesía y mis dedicatorias más sinceras entre las aldeas de papeles o las libreras de las almas femeninas más bellas. (Al menos eso creo).

No me pidas saber por qué hice lo que hice, no tengo idea y tampoco la quiero tener. No me pidas arreglar cosa alguna, todo es perfecto como es y este momento lo es aún más.

Desde aquí, el atardecer anuncia las noches frías de enero y el viento me trae el sonido del mar atravesando sin piedad los cipreses. Olvida los ojalás y los recuerdos que se acumularon durante siglos en mi cabeza; hazlo porque yo lo hice ya.

Y que la vida me otorgue el favor del ahora de quienes amo, de quienes saben sinceramente que alzar mis alas no es algo rudimentario, sino algo elegante y crucial.

Que fortuna es estar vivo y entender, sin hacer excesivo ruido, la regla fundamental: Soy quien soy, somos lo que soy, soy lo que somos.

—Messieral
MercyVille Crest 1 de enero de 2,025

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