Éter de Solsticios y Equinoccios

Quedarme contigo es mi fin,
el fin de mi tristeza y ansiedad,
amanecer en besos lentos
y anochecer en tu intensidad.

Esperar junto a ti los solsticios y equinoccios,
éter tendido en el pasto de tu piel,
quedarme contigo será vivir,
vivir en un cuento nuevo cada día,
llenar mis bolsillos de sonrisas
y abanicar con paz mi desnudez.

Quiero ser las velas que inciten tu viento,
un momento eterno en pupila celestial,
quiero ser el día y la noche, tu caso perdido y encontrado,
de tu amor el rojo cometa que te haga vibrar y bailar.

Llevarte en mis brazos a un altar de cerezas,
casarme contigo por las leyes estelares, en su izquierda,
tener de testigos los mares del mundo y sus mareas,
casarme contigo si se trata de silente vino enamorado
y un baile infinito, sudor de alacranes, en pista sin fin.

Llevarte en mis brazos a un altar de moléculas
que al igual que tú y yo conformen el infinito,
ser preciso y sublime éter de solsticios y equinoccios,
ascender al cielo si precisamos nubes de pirotecnia
para hacerle entender al viento el color de nuestro amor.

Mi hogar está en tus calles,
las avenidas de tu piel son mi colchón,
mi descanso lo encuentro en tus pestañas hermosas
y si quieres saber, no me pienso marchar hoy…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 21/03/2016

Muchas gracias por sus ojos y por estar.
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Cincuenta besos, dos amantes y una misma soledad.

Sólo tú conoces mis puntos cardinales
cuando estoy a la orilla del desastre
y no te inmutas, no hay regaño que venga de ti,
sólo ese abrazo de eterno junio que guardo conmigo…

Ven y sálvame, de la melancolía que compré,
ven y sálvame, de ella, de mi familia, del dolor,
sólo tú me supiste comprender, sólo tú me conoces bien,
cabello de cerezas, brillas, vienes, vas, ¿Por qué no te puedes quedar?.

Es hora de admitir, que aunque no nos llegamos a amar,
cualquiera envidiaría nuestros besos en aquel hostal
de setenta y cinco, cama doble y terraza para soñar,
de cincuenta besos, dos amantes y una misma soledad.

Mis puertas están abiertas, todas ellas, por si quieres regresar,
por si pasan tus elegantes guantes, de forma bella, a saludar,
mis ventanas, sabes a perfección de qué manera hacerlas estallar,
entra dispuesta, toma mi mano, llévate lo que siempre tuyo fue,
mi corazón aprendió a latir aún en tu ausencia, confía, sobreviví.

Préstame de nuevo tus nudillos para dibujarles flores de lis,
que me cubran los lirios de tus candentes movimientos,
que una alfombra de lluvia, de vista al lago, te haga comprender,
que si no se nos juntan los labios, en este preciso instante, me moriré…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Ciudad de Guatemala 03/03/2016

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