Ocho Años del Mal Sabor

A diez días de rememorar
ocho años del mal sabor,
me he estado preguntando
si aún me ves tan imperante,
si aún eres capaz de ver,
si lograste descubrir lo que es,
si donde estás hay descanso,
amor o desamor, o sólo espacio.

Si esa carta afilada costó más
que pender de un hilo la fe,
si la tristeza en verdad era tal,
si es por ti que no aprendí a perdonar.

Está lloviendo en el valle sin respuestas,
está lloviendo y te busco entre multitudes
de fantasmas que me inundan la cabeza,
quiero distinguirte, mirarte de frente a los ojos,
decirte que aunque te olvido por temporadas,
probablemente hay mucho de ti en mi esperanza.

No están las cosas tan mal, pero duele recordar,
por uno de los cuatro peores recuerdos de mi vida,
no es que te felicite o te agradezca con pericia,
pero puedo en estas últimas líneas olvidar todo lo malo
y contarte que la respuesta a tu pregunta,
la que me hiciste cuando a penas tenía diez años:
¿Vas a llorar el día que me muera?
Era sí, la respuesta era sí, la respuesta siempre sí,
porque lloré al verte en ese traje de madera,
porque se me sigue desprendiendo el corazón
cada treinta y uno de marzo, y pienso en tu voz.

Porque aún me sigue pareciendo
que, cada último día de marzo,
todo vuelve a suceder, te me vuelves a ir
y te vuelvo a perder…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 21/03/2015

A Gonzálo H.

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