En Cada Letra

No sé cómo decirte o cómo explicarte
que mis neuronas siempre irán a mil,
que sí te extraño, aunque no tanto.

—Si tan sólo estuvieras aquí.

Porque el deseo no es suficiente
cuando me aprieta este diciembre,
de incertidumbres sin mansedumbre
y tantas cosas que intento no sentir.

— Eso lo sabrás de mí.

Aún me sigue en pasos cercanos mi mala suerte
y todo este dolor, de cofradías secretas para un sol,
el miedo intenso que se resume en toda muerte
o en la caída jamás a tiempo de un nuevo corazón.

— Espera un poco por favor.

Sueña despierta con toda indiferencia, con la tristeza,
y cada marca que el hielo ciñe en arterias;
así se siente cada diciembre que me destroza
y que, aunque afinado en Sol Mayor, aún me hiere en cada letra.

— Porque este diciembre ambulante aún es, en mi camino, la misma piedra…

©MESSIERAL.COM | messieral.com
Ciudad de Guatemala 1 de diciembre de 2,016

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Heridas de Reivindicación

El arquetipo de todo hecatombe,
colmenas de hiedra, vino de dioses,
a dónde me trajo el relato de un sueño,
tantas soledades en silencios capitales…

Y yo tan desguarnecido como tú.

Ya no hay sol en los firmamentos
resintiendo toda gravedad,
mis silencios son espadas
que atraviesan la necesidad
de un amor que sepa amar,
de la palabra alzando su voz
sin más temor a descarrilar.

Pero esta lluvia aún gasta mis nudillos
y las fotografías no se quieren callar,
me resulta imposible la calma en momentos
en los que no sé qué masticar,
no tañe igual mi episodio silente
y he llegado a comer de tu vientre
espinas heridas de reivindicación
que a ti y a mí nos mienten…

No digas más, por favor.

©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 30/07/2016

Va Sangrante la Malena

Va sangrante la Malena,
va herida de muerte
y con el sabor del café entre su hierba,
va angustiada y siente que algo le muerde.

Va sangrante la Malena
pero no llora, piensa,
si llorar es de cobardes
que lloren sus enemigos,
le sonríe al encuentro con su sombra,
siente un beso de lluvia en sus labios
y creo que aún en el suelo no supo de miedos,
que no le falle el instinto en el infinito de la palabra.

Que me escriba cartas desde la eternidad,
que me confiese el color de cabello que tiene la luna,
que se guarde la verdad entre las venas
y se siga embriagando de luz con cada tormenta.

Va sangrante la Malena
y aunque está sola no reclama,
su batalla a muerte no fue en vano,
rival no fue jinete, ni corsario,
le puso la mano en el hombro a Dios
y a los gritos profirió: Puedo sola mi Señor.

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 17/07/2016


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Pertenencias

En el centro de durazno de tus palabras,
cuatro cartas heridas en la piel malabarista
de un cuento hermoso que has escrito
y grabado en mi sonrisa de acertijo.

Escondidos ocho besos en el trago
de una bandera de confederación fallida,
descubiertos después de un tiempo,
después de un cielo ensombrecido y anarquista.

Y es tu palabra la que sabe mejor, hasta hoy día,
en la pupila distraída de mi ojo izquierdo,
es tu palabra hermosa con el mismo dejo de melancolía
el sitio justo para el descanso de mi conquista,
con un gramo de lágrima de dragón
y dos mil sorbos de hermosa sinfonía.

Te amaré entre tus comillas por muchos años más,
quizás volver a leerte restaure mi sonrisa en cofradías,
decodifica la dirección de mi corazón, recupéralo,
no digas nada y quédate a vivir entre mis documentos.

Y deja de dudar, aprende a adherirte a mi sentir,
entrega tus armas, desciende tu guardia, aprende a vivir,
sella el balcón de mis huidas con el material de tu abrazo,
que son pertenencias los actos y devoción es su tacto,
que son pertenencias los sentimientos y resultado es su rastro,
al notorio sudeste de poemas de amor que nunca alimentaron incendios.

—En mi alfabeto aún son tus letras mis silencios…

©MESSIERAL | Poesía
Ciudad de Guatemala 07/07/2016

SY LIEF (PARTE II)

Por fin, se detuvieron frente a la puerta maltrecha de una casa que no lucía tan mal, pero tampoco lucía tan guapa. El joven Y extrajo una llave del bolsillo izquierdo de su pantalón, entraron en un espacio que, sin lugar a dudas, sorprendió a la señorita S. Él la guió a una habitación, al ver la cama las fuerzas abandonaron su cuerpo, se recostó y él la observaba desde el umbral de la puerta.

El joven Y se acercó lentamente a la cama, se sentó al borde y arrastró dulcemente a sus brazos a la señorita S. Impregnó un beso reverberante en su mejilla izquierda, le susurró los versos más hermosos que han existido en el universo, tintados con voz de colibríes luminosos, todos dedicados a ella, a su luz y a sus intensos ojos avellanados. Ella temblaba de miedo, aquel sortilegio le hizo sentir cautiva, tuvo una visión espantosa, vio una rosa celeste atravesando su pecho, cada espina de su tallo abría su corazón y le desangraba, su sangre se evaporaba antes de tocar el suelo, lentamente, pudo observar su propio cuerpo tendido en el suelo sin movimiento, ni sangre en su interior.

No hizo caso a su visión, se abrazó lentamente al cuello del joven Y, quien la aceptó entre sus brazos con toda comodidad. Observaba la comisura de sus labios, un halo de enigma los envolvía, se sentía intimidada por su tacto y por sus ojos, sus ojos de pupilas sumamente oscuras con orillas escarlata. Se sentía tan vulnerable pegada a su pecho, pero no podía evitarlo, necesitaba acercarlo más a su cuerpo para saber si de esa manera podría sentirse un poco segura, un poco más tranquila.

La señorita S no consiguió sentirse más segura, se sintió mucho más intimidada, mucho más vulnerable, sintió que su alma se congelaba gradualmente, que sus extremidades se debilitaban cada vez más, sintió un calor extremo recorriendo su espalda por todo su centro, al mismo tiempo que el joven Y se había deshecho de su vestido, arrancándoselo con mesura, y se había colocado a su espalda, la lengua del joven Y recorrió, de sur a norte, la espalda de la señorita S que no pudo reaccionar de otra manera más que con la rendición total de su espíritu.

Sintió tantas cosas esa noche, que en la mañana repasándolas en su mente no lograba describirlas, el joven Y había poseído su centro, cada extremidad de las neuronas inquietas de su voluntad, su espíritu, su cordura y logró embriagarla de manera tan contundente que aún podía sentir el mareo entre sus huesos. Tenía marcas rojizas en las muñecas y en el tórax, se sentía tan débil que pestañear era todo un reto, volátil sobre la cama sentía sumergirse en un paraíso incendiado de nebulosas explosivas, comprendió luego de aquella noche los misterios del cosmos y del origen de todo cuanto existe, sin duda algo similar transcurrió entre dos amantes similares al joven Y cuando todo surgió, pensaba.

Le dolía cada arteria de su cuerpo, lo que fuera que el joven Y hubiese hecho con su cuerpo no era humano, sentía hielo y fuego en distintas regiones de su piel, sus uñas estaban desgastadas y sus labios abatidos dulcemente, no sabía explicarse a sí misma por qué razón deseaba tener cerca de nuevo al joven Y, no podía moverse pero le angustiaba tanto no tenerlo a su lado, que se sintió sola y sola volvió a quedarse dormida, en ese instante alguien que sanaba sus heridas le observaba nuevamente desde el umbral de la puerta…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 18/03/2016

Gracias por sus ojos y por pasar a leer.
Próximamente la Tercera Parte de Sy Lief.
Mientras tanto para más historias visita mi sección Historias en Ascuas.