Gramos de Nostalgia para un Martes

Aquella tarde elegimos respirar,
ya sin la culpa de haber perdido,
ya sin el afán de recuperar,
ya sin tus párpados y mis enjambres,
sin el primer hostal, sin la fe de erratas…

Aquella tarde, también era martes
y bajo la sombra de aquel verde cielo, te besé,
ya sin el afán de tenerte sólo mía,
ya sin la promesa de ser tuyo para siempre,
ya sin la fotografía del viaje aquel septiembre,
ya sin los bajos instintos de ocasión.

Te vi tan hermosa, como la primera vez, blusa roja,
te vi tan clara, tan buena, tan princesa peripecia,
en el fondo eras la niña a la que amé, pero ahora tan mujer,
decidida y muy tranquila, una mejor sonrisa,
y un esbozo, casi estoy seguro, de algo que olvidé.

Te vi tan distinta, quise preguntar por la razón,
más me callé, volví a tomar tu mano con dulzura,
elogié lo interesante que ahora eras, que siempre fuiste,
no pudiste contener aquel suspiro, recordamos al unísono
aquella canción que sonaba, en Do menor, cercana al precipicio.

Aquella tarde a la intemperie, picnic de invisibles lágrimas,
los besos que faltaba darnos, los suspiros que siempre callamos,
y unos gramos de nostalgia para un martes, infinito, que acababa…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 29/03/2016

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Cincuenta besos, dos amantes y una misma soledad.

Sólo tú conoces mis puntos cardinales
cuando estoy a la orilla del desastre
y no te inmutas, no hay regaño que venga de ti,
sólo ese abrazo de eterno junio que guardo conmigo…

Ven y sálvame, de la melancolía que compré,
ven y sálvame, de ella, de mi familia, del dolor,
sólo tú me supiste comprender, sólo tú me conoces bien,
cabello de cerezas, brillas, vienes, vas, ¿Por qué no te puedes quedar?.

Es hora de admitir, que aunque no nos llegamos a amar,
cualquiera envidiaría nuestros besos en aquel hostal
de setenta y cinco, cama doble y terraza para soñar,
de cincuenta besos, dos amantes y una misma soledad.

Mis puertas están abiertas, todas ellas, por si quieres regresar,
por si pasan tus elegantes guantes, de forma bella, a saludar,
mis ventanas, sabes a perfección de qué manera hacerlas estallar,
entra dispuesta, toma mi mano, llévate lo que siempre tuyo fue,
mi corazón aprendió a latir aún en tu ausencia, confía, sobreviví.

Préstame de nuevo tus nudillos para dibujarles flores de lis,
que me cubran los lirios de tus candentes movimientos,
que una alfombra de lluvia, de vista al lago, te haga comprender,
que si no se nos juntan los labios, en este preciso instante, me moriré…

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Poesía
Ciudad de Guatemala 03/03/2016

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