Silencio Híbrido

Por todo esto que no entiendo,
por lo mucho que te extraño
y por lo poco que te necesito,
tengo por obligación nombrar
que hasta hace unos meses
tú eras mi universo, mi verdad.

Pero como casi toda la belleza
que me hace sentir bien,
te alejaste poco a poco, una cometa
enredada entre los dientes del afán,
por inventar una explicación a una mentira más.

Y llueve tanto que desangra el viento,
me duele tanto no recordar sabor o verso
que dedicado a tu cielo, hoy me muerde
dejando un mal sabor sobre mis huesos.

Y llueve tanto que se estruja el ancho cuero
que durante tantas vidas protegía nuestro amor,
es mi tristeza superior, invertebrada entre tanto dolor,
sufren alabanzas prometiendo un nuevo infierno,
ya no sé cargar tu cruz, no sé seguir tu juego.

Me estoy desintoxicando de tus besos y el veneno,
me estoy entregando a las arenas del desierto,
como un caballero consciente de su destino:
Desfavorable pero con esperanza en lo divino.

Porque dentro mío ha nacido un híbrido,
que es mixtura entre esa parte de mí que te ama
y la que quiere dejarte guardada en un rincón de mi olvido.

Me he arrancado trozos de mi propia piel,
estoy construyendo con ellos un velero,
me voy a marchar a dónde tú no estés
y aunque no entiendas este sufrimiento
ya vendrá el silencio a darle explicaciones a tu cuerpo.

Messieral
Ciudad de Guatemala 01/06/2016

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Ocho Años del Mal Sabor

A diez días de rememorar
ocho años del mal sabor,
me he estado preguntando
si aún me ves tan imperante,
si aún eres capaz de ver,
si lograste descubrir lo que es,
si donde estás hay descanso,
amor o desamor, o sólo espacio.

Si esa carta afilada costó más
que pender de un hilo la fe,
si la tristeza en verdad era tal,
si es por ti que no aprendí a perdonar.

Está lloviendo en el valle sin respuestas,
está lloviendo y te busco entre multitudes
de fantasmas que me inundan la cabeza,
quiero distinguirte, mirarte de frente a los ojos,
decirte que aunque te olvido por temporadas,
probablemente hay mucho de ti en mi esperanza.

No están las cosas tan mal, pero duele recordar,
por uno de los cuatro peores recuerdos de mi vida,
no es que te felicite o te agradezca con pericia,
pero puedo en estas últimas líneas olvidar todo lo malo
y contarte que la respuesta a tu pregunta,
la que me hiciste cuando a penas tenía diez años:
¿Vas a llorar el día que me muera?
Era sí, la respuesta era sí, la respuesta siempre sí,
porque lloré al verte en ese traje de madera,
porque se me sigue desprendiendo el corazón
cada treinta y uno de marzo, y pienso en tu voz.

Porque aún me sigue pareciendo
que, cada último día de marzo,
todo vuelve a suceder, te me vuelves a ir
y te vuelvo a perder…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 21/03/2015

A Gonzálo H.