Nueve

El abrazo más largo de toda mi vida
ocurrió hace nueve años atrás
y mientras me olvidaba de escapar
regalaba versos dulces, amor de más de un día;
lluvias al carbón y estrellas sin color
dispuestas a encontrar amor
en el de aquellos brazos necesarios
para reconstruir mis escenarios.

Y fue tal aquel sentimiento
que, aunque todo lo olvido, aún lo recuerdo;
fue tal aquella euforia, tal aquel momento,
que te juro que tampoco olvido esos primeros besos.

A su lado fui inmortal, siempre eterno,
me comporté como jamás y no me arrepiento;
todo azar y todo verbo conjugaba en sus cimientos,
todo amor y toda historia resumía sus comienzos;
no falto noche de luna un dieciocho de diciembre,
ni, hoy, un brindis a la salud de las mejores cosas que se pierden…

Y fue tal aquel amor
que, aunque todo lo olvido, aún le recuerdo;
duerme siempre suavecita en un secreto aposento
en el que abrazados duermen todos los elementos
que han hecho de mí todo esto que aún siento.

A su lado fui inmortal, siempre incierto;
fue tal aquella euforia, tal aquel momento
que te juro que tampoco olvidaré esos últimos besos…

©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 23 de abril de 2,017

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El Cuerpo de Cada Uno de los Delitos del Mío

Tu pánico escénico y mis ganas de ti,
en pormenores de una ocasión hermosa,
tu exceso en los celos y mi formula sutil
para no hacer tan larga la historia,
sentir tus labios en los míos ha sido un placer,
beber de la miel de tu cuerpo un eclipse de sed
y tu amor en mis manos lo que yo siempre quise ser.

En una galería de arte, de exposición personal,
conjugo tus pies y tus piernas, tus manos pequeñas,
tu vientre y tu abdomen, tu sexo y sus fiestas,
para contemplar con discreta adoración lo que más
he amado en la vida, lo que más me ha gustado besar.

En el lienzo que pinto, eres un caligrama que no pide permiso,
unos versos mejores que otros y entre tantos errores perfecta,
porque soy tan feliz cuando vienes a verme el corazón en silencio,
cuando auroras inmensas advierten tu paso al llegar a mi vera
y es tan dulce tu sonrisa que canta semillas a besos secretos.

En mi hoja en blanco eres el poema que mejor recito,
el cuerpo de cada uno de los delitos del mío,
las ganas saturando las mías para dar pie a la matanza
de todo pasado en el que vivimos tan lejos y solos,
de cuerpos ajenos y amores incompletos ha de rebosar el rústico infierno…

Tu pánico escénico, desnuda enfrente de mí,
el dragón que con tanta ternura supe domesticar,
dos libras de nueces, cuatro centros de un nueve,
ocho siglas bonitas para decirte que te quiero amar…

En una galería de arte, de exposición personal,
conjugo tu piel y tus lágrimas, tus pechos de rosas,
tu cielo y tus muslos, tu cama en nuevas mañanas,
para contemplar con discreta adoración lo que más
he amado en la vida, lo que más me ha gustado soñar.

MESSIERAL
Ciudad de Guatemala 05/06/2016