Cuando Todo Estaba Permitido

Cuando todo estaba permitido y ella me cuidaba,
no importaban los excesos, ni la hora, confiaba,
detestaba mis andanzas sin sentido, pero decía con calma,
trocito de mi vida, yo te cuidaría hasta descerebrada.

Me invitaba a su música y a sus lecturas,
yo aceptaba muy de mala gana, de mala rama,
consentía mis caprichos, me dio tanto por casi nada,
hoy recuerdo, que en mis frustraciones susurraba más bajito
para que el demonio en mi cabeza no escuchara.

Me decía, tú de todos eres el mejor, el imposible, el divino,
yo te quiero así como eres, invítame a tu ruido,
imperfecto y despeinado, así te amo, así me muero
si me falta un sólo día tu rabieta sin sentido de las cuatro.

Me invitaba a beber vino en mis cumpleaños,
cocinaba un pastel de gelatina, con encanto,
de ese mismo que en sus manos fue la pieza
fundamental para calmar la tormenta innecesaria.

Se vestía tan hermosa para mí, yo celaba que otros la vieran,
entiendes, yo celaba y ella lo hacía siempre para mí,
me cuesta admitir que me he equivocado al dejarla tan sola,
al decirle esa última vez, que no conocía a una que estuviera más loca.

Cuando todo estaba permitido y de sexo eran cinco dosis al día,
cuando rebelde sentía que el mundo en mi palma cabía,
jamás me di cuenta que era ella quien allí lo ponía
para ver a su amado feliz y tranquilo un nuevo día…

Cuando todo estaba permitido y el dinero no era problema,
cuando aquel veintiuno de diciembre, cazando casamos nuestras almas,
no hizo falta ni anillo, ni contrato, ni nadie, nada hubo fingido,
fue la luna llena y ese beso mi gratitud para con tan sublime mujer,
y aunque hoy no queda rastro de lo que fuimos, siempre le voy a agradecer…

Porque no me olvido de sus enseñanzas, no me olvido nunca de ello,
que el amor es amor y el sexo es sexo, pero podíamos con todo eso,
buenas noches de lunas y un beso eterno deseo en tu porvenir de cometa,
todo aquello bueno que me diste, te juro, te lo devolverá la vida por ser tan buena…

Cuando todo estaba permitido y nadie se metía conmigo,
cuando conocí a tanta gente que ahora se ha ido, no hubo quejas,
ni dramas idiotas de novia indignada, sólo un beso perfecto
y palabras más dulces que esas gotas de sangre unidas en un pacto
que rompimos pero no olvidamos, que rompimos pero recordamos.

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 15/03/2016

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Quinientas Nubes de Luto y Dos de Gris por si las Dudas…

De ti aprendí que el punto no va sobre la i,
que hacer el amor es impreciso, pero devorarse no…

Te vi bailar para mí, abrí mi camisa y te dejé latir,
no dudé de tu figura, de tu cuerpo de diosa perfecta,
duró lo que duró, ese siempre será nuestro secreto,
aunque debo reconocer que de las cinco a las diez es un buen trecho.

Te bebiste mi esencia y sólo a ti te he embriagado,
ya no hay diversión entre amantes en días de Obama,
quítate el apellido de ese y vuelve a mis brazos,
que terrible es vivir con otra sabiéndome de ti enamorado.

Recordaba ese lunes, la otra tarde, recordaba el alcohol y la lluvia,
quinientas nubes de luto desde que marchaste, dos de gris por si las dudas
y la misma esperanza del tonto que espera sin hacer nada, sólo drama.

Aprendí de tu sexo que el ron sabe bien con casi todo,
de tu falda aprendí que la victoria implica ascensos preciosos,
de tu ombligo que su piercing contagia a mi lengua
y de tus caderas, que es magia el mordisco de plumas viajeras.

De ti aprendí que el punto, casi nunca, va sobre la i,
que Cortázar se alegra en tu lengua, que Borges sonríe también,
que Asturias nos desenreda si lo pronuncias con cadencia,
y que Storni nos guarda un trocito de lucha, por si las dudas…

Que el rock sabe mejor a oscuras,
que las manos se sienten mejor dónde no las vean,
que abrazada a mi cazadora tú rimas perfecta
y que siempre nos queda un Bloody Mary esperando en la barra…

Nunca voy a olvidarme de tu recuerdo, de tus labios de cierzo,
Tú y yo encontramos la dirección del amor, fuimos sin dudarlo para el otro extremo…

Luis Eduardo (Messieral)
Ciudad de Guatemala 11/03/2016

-Te Quiero Con El Cielo-

Me enseñó a no rendirme nunca, tenía colores de estrella en sus ojos de luna, siempre tuvo el abrazo correcto, el beso indicado, el coraje de enredo. Una dosis particular de motivos y todos los sentidos dispuestos a mí. Ella como nadie me hizo sentir único entre todos, entre tantos. Fui su primer, su primer eso.

Nos conocimos una mañana de enero, en ese castillo tan lleno de frío, su tímida mirada de niña indecisa me invitó a acercarme, después de besar su mejilla escribimos una fantasía en el cielo, le dejamos un mensaje a Dios para que de antemano cuidara cada paso venidero, para no enamorarnos tanto. Eramos conscientes de que un día vendría el final, si amarraba su mano a la mía, iban a tener que cortárnoslas desde el brazo, aún recuerdo sus labios temblando en aquel beso que pudo ser, hoy no sé si debió, si me equivoqué al canjear por un abrazo ese beso hermoso que se juraron nuestros labios, en el garaje vacío de su casa inclinada.

Le abrazaba por la cintura, ella recostaba su rostro en mi pecho, no hablamos de amor porque nos pareció innecesario, nos prometimos que no llegaríamos a sentirlo para no salir lastimados y creo que resultó, porque aquel amor inventado, el que siempre quisimos ficticio, es el más oportuno y sincero que puedo recordar, aún siento su suspiro de nena en mi cuello callado y sus promesas de siempre quererme en mi fino pasado…

Pudimos hacer el amor sin problemas esa noche de octubre, ya el ciclo tedioso había acabado, pero fue más bonito el desvelo contemplando la luna, buscando a las estrellas en su territorio nocturno de mares silentes. Me dijo esa noche que iría de viaje pero que me llevaría con ella y en cada lugar que ella estuvo, retrató desde el mejor ángulo posible, la necesidad de mi cercanía que tuvo. Volvió y reencontrarnos fue hermoso, fue eterno. No quisimos soltar ese abrazo hasta que dolieron los hombros y las palabras se agotaron de aprontarse, una tras la otra, como si no hubiésemos podido decirnos -Te quiero con el Cielo- las veces suficientes por las tardes de aquel año, que ella hizo para mí, perfecto.

Hoy la recuerdo, deseo que sea la más feliz, aunque sé que no lo es y recuerdo su color favorito, el nombre que puso al peluche que le regalé, hoy recuerdo su voz al llamarme mi amor, mi cielo, mi hombre imposible. Será una coincidencia que inventada ficticia hoy la recuerde como la más verdadera, será coincidencia un trece de junio, será coincidencia esta sonrisa combinada en tonos de amarillo y azul… Será coincidencia que al vernos de nuevo un abrazo cómplice nos haga recordar en silencio.

© Copyright – Messieral | Luis Eduardo – Historias en Ascuas
Ciudad de Guatemala 08/03/2016

Muchas gracias por leerme,
les invito a leer estas otras historias en ascuas:
Fruto Único
Gelassenheit
That beach which made us love us more…

Precipicio con Destino a la Esperanza

Comicidad en la decencia del recuerdo de la que ayer me cantaba al oído, guitarra en brazos, beso tierno al verbo. Atravesaba mi mirada con sus oscuras pupilas, visitaba los recovecos de mi alma con sólo pronunciar mi nombre. Bailaba despacio y despacio me mostraba la cordura de su cuerpo en la locura de su hoguera. Tenía un tesoro escondido entre las manos, nos gustó siempre la misma música y los mismos versos, los atardeceres eran culminantes de sueños atraídos para ser ciertos. Era como un final con buen sabor de boca, un principio incierto repleto de tormentas y aguaceros de cosecha.

Ocultaba su oscuridad de todas las personas, pero no de mí, lloraba cuerdas de lágrimas mientras me decía que su vida no valía nada, me costaba convencerla de lo contrario pero a veces lo hacía. A ella le gustaba el helado y pintarle la pestaña de negro al ojo del huracán, lacio cabello y dolores de infancia, de esos que destrozan a cualquier hombre, más no a una valiente mujer como ella… Destrozada no se quejaba ante el resto, acallaba la pena con su sonrisa bonita, la que fingía.
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Lucero Incierto de Mar

He estado en la playa más bella del mundo,
en la que solías sentarte a escribir,
a veces la vida nos tuerce el rumbo,
pero nada puede apartar tu recuerdo de mí.

Yo me quedé en la memoria tus ojos,
para que tranquilicen despacio mi interior,
me quedé con tu risa cumpliendo deseos,
y en los redondeles de mi alma tu forma
tan particular de contraer tus labios al cantar.

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