Último vienes, abracadabrante,
y tú en el silencio de un comienzo,
como el reposo de un niño sin culpas
abrazado a ese sueño de tan suaves plumas;
volar tan alto está bien cuando el amor
te cubre del principio novedoso a color.
Es tu espera el elixir del tiempo
o el tiempo el glorioso momento,
en el que por fin comprendes que el cielo
envuelve a las oraciones y no las oraciones al cielo.
Último viernes, solitariamente
aparece una canción en tu mente
como el juego de un niño a la cadencia
del antojo inocente de toda creatividad;
crear de la nada, tanto, está bien cuando la poesía
te llena las arterias de la misma sustancia que conforma una despedida.
Porque al final este último viernes susurra
que el daño no fue tan malo, después de todo,
las mañanas siguen apareciendo en tu ventana
con la intensidad del milagro que trae el inicio de un nuevo año…
©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 30 de diciembre de 2,016

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