Un poema se inicia
con más tinta que apariencias,
con menos duelo que impotencia
y un crujido por la noche que dispara
la dura edad de su madera,
en la que el alma
de un árbol se renueva.
Una caricia se inicia
con más amor que inocencia,
con menos llanto que prudencia
y con un crisantemo a la mañana que reclama
por el fruto de la mar, de su esmeralda,
que va perdiendo todas sus palabras.
Yo me quedo al borde
de la civilización
a contemplarte
con los ojos del marinero
que divisa tierra en un mundo nuevo,
con tantas ganas de empezar de cero…
©MESSIERAL | messieral.com
Ciudad de Guatemala 26 de enero 2,017

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