Seguramente me viste caminar por tu acera
cuando la hoja de un otoño acarició esa silueta,
esa que habla del amor de tu vida marchándose
sin volver la vista y sin querer volver.
Seguramente fui la tercera cuarta parte
de la última lágrima que derramaste
por esa ausencia que, a día de hoy,
te sigue estrujando levemente el corazón.
Y así, en un verso me acerqué a tu vida personal,
sin verte, te vi golpeando el cristal, incinerando el candil;
y así, en un poema me hice parte de tu historia personal,
sin verte, te vi besando aquel mar, desactivando el fusil.
Sin verte, te vi amando a un fantasma, hace unos años, en un abril
que anunciaba mi nombre, esas noches en las que te viste sonreír;
sin verte, te vi odiando a un fantasma hace unos meses, en bella lid
con el corazón que te besa las manos y que aún seduce tu alma que entra al salir…
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Ciudad de Guatemala 4 de noviembre 2,017

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