Tantos silencios que desperdiciar,
una mirada incapaz de desconfiar
y todos esos besos que siempre saben mejor
si amanecen en aquel cuento que sabemos tú y yo.
En el que el sol extingue la falta de sinceridad
y la lluvia promete que ya no promete soledad.
En el que la luna amanece luz propia y de verdad,
en el que la marea siempre sabe alcanzar nuestra libertad.
Tantos silencios que soportar,
una mirada libre de todo antifaz
y todo ese amor que siempre es mejor
si no se frena ante la luz de Saturno y su don…
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Ciudad de Guatemala 18 de noviembre de 2,017

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