A qué costo olvidarán
los dolientes tanta ira,
a qué precio existirá
algún día la justicia.
A qué precio aquel lugar
de tristeza y de esperanza,
a qué precio alguien más
a la vera de nuestra flagrancia.
Porque al mar
van las aguas silentes
de los días transparentes
y su sal.
Mirar atrás,
desgraciadamente,
es tan inclemente
como dejar de intentar.
Porque al mar
van los besos siguientes
de las noches perennes
que se van…
©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 16 de febrero de 2,018

Deja un comentario