Aquel día, en el que el mundo tampoco terminó,
vi tu silueta cruzando el infinito que en las aceras
se acumula como las dudas en una persona sin edad.
Y fue inconsciente cada paso mío que persiguió,
de tan cerca, tu sombra que eternamente abstracta
se imantaba a la aspereza del asfalto y sin piedad.
Que a lo mejor se trata de un sueño que tuve y que aún no acaba,
quizás un deseo profundo; o un golpe de suerte, considerada,
la que aún me permite compartir mis horas absorto en tus palabras…
Sin irme
no se pierde nada,
sin irte
aún de nuestras ventanas…
©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 2 de agosto de 2,018

Deja un comentario