Medianoche en la pared de los cuadros de nuestra habitación; rostros limpios de la enferma tristeza social, manos suaves y listas para acariciar; una rosa convertida en pétalos eternos resucitando en la ciudad.
Y una fotografía de los dos, de cuando más jóvenes solíamos pensar un poco en Lot, otro poco en Verne y alguna vez en Foucault.
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Ciudad de Guatemala 20 de septiembre de 2,018

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