Tú y yo estamos rotos
y aún así nadie nos mira las costuras;
tú y yo estamos solos
pero tan acostumbrados a esconder las comisuras.
El cielo se cae a pedazos sobre nosotros
y aún así nadie nos salva de la albura
que, al golpe de las nubes de hielo
sobre los ojos, nos deja en penumbras.
Tú y yo estamos rotos
y aún así nadie nos sana las heridas;
tú y yo estamos solos
y al acercarnos no nos gustan las caricias.
El infierno se alza en un trazo sobre nosotros
y aún así nadie nos salva de la ráfaga intrusa
que, al golpe de las llamas de fuego
sobre los ojos, nos deja en penumbras…
Tú y yo estamos rotos
y nos queremos sin gran algarabía;
tú y yo estamos solos
y sin notarlo nos hacemos compañía…
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Ciudad de Guatemala 15 de octubre de 2,018


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