El miedo que vi en tus ojos
me guió lentamente a tu alma,
tenías los últimos versos rotos
y en llamas las avenidas blancas.
El miedo que vi en tus modos
me guió lentamente a tu herida,
tenías los principales ruidos solos
y abandonadas tus manos frías.
Supe entonces que hacer
pero no quise perder la pericia,
supe entonces que no hacer
pero no quise aceptar la cobardía.
Aún me sigo preguntando
si tú lo sabías, si lo sabías,
si pudiste resolverlo pronto
y si mientras me alejaba sonreías;
porque me sigo cuestionando
si tú lo sabías, si lo sabías,
si pudiste abrirte paso
y seguir mis huellas guías…
©®Messieral | messieral.com
Ciudad de Guatemala 25 de octubre de 2,018


Replica a messieral Cancelar la respuesta