Aún conservo una hoja
que desprendí de tus ramas,
aún conservo la cara desnuda
de aquel beso que siempre regresaba.
Desde mi reinventada ventana,
desde el pozo de mi honor,
escribo versos de alabanza
cuando me recuerda tu amor;
soy un encéfalo herido de nada
que no llora ni siente el calor,
un hervidero de encino y hojarasca
que duerme solitario en un maldito rencor.
Soy la mina de un lápiz herido
que aún roto le escribe al crúor
que obstaculiza mi vida intranquila
para hacerle morir sin convicción.
Desde mi reinventada ventana,
desde el pozo que es mi don,
escribo versos de alabanza
cuando me recuerda tu amor;
soy un encéfalo herido de ganas
que no ríe ni siente el calor,
un hervidero de encino y malas rachas
que duerme solitario en un rincón.
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Ciudad de Guatemala 26 de octubre de 2,018


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