No estaremos tristes, no lo estará mi perversión ni tu ternura, tampoco lo que construimos en tan pocos meses de pasión; la verdad es que todo cuanto hicimos siempre estuvo condenado a un exquisito final. Que lástima que no durara más, que lástima que se desbordara el mar.
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Ciudad de Guatemala 2 de diciembre de 2,018

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